El huracán Simone Biles

El de Simone Biles ha sido sin duda uno de los nombres propios de los pasados Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. En esta importantísima cita para la gimnasia artística, la deportista estadounidense dio toda una demostración de talento, trabajo y virtuosismo, lo que la llevó a conquistar nada más y nada menos que cuatro oros y un bronce.

En Río 2016, Biles se colgó la medalla de oro en salto femenino, suelo femenino, general por equipos femenino y general individual femenino, algo absolutamente sensacional. En viga de equilibrio femenino tuvo que conformarse con el bronce por culpa de un ligero desequilibrio que la obligó a sujetar la vida con sus propias manos.

Estamos ante la consolidación absoluta de una estrella, ante la gimnasta que ha revolucionado todo y que ha vuelto a recordar la perfección absoluta que en su día lograra la rumana Nadia Comaneci. Es en suelo donde Simone Biles –ella domina todos los terrenos y todas las disciplinas de la gimnasia artística- ofrece mayor virtuosismo, espectáculo y seguridad; sus ejercicios se convierten en verdaderas obras de arte.

A sus diecinueve años, atesora ya un fastuoso palmarés en el que, entre otras muchas proezas a nivel internacional, se incluyen tres primeros puestos consecutivos (2013, 2014 y 2015) en el general individual de campeonatos del mundo. Simone Biles marcará una época, en el futuro hablaremos de ella como aquella especie de huracán que recorrió Río de Janeiro y que buscó combinar el arte y la perfección con la expresión gimnástica de su cuerpo.

Su infancia fue dura, con padres drogadictos y criada por su abuela. La gimnasia le sirvió como refugio ante la vida y, desde los ocho años, a base de un esfuerzo extremo y de una disciplina severa fue forjando con letras mayúsculas el nombre de leyenda del deporte que hoy en día es.

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